Sobre Xi Jinping
Xi Jinping nació
el 15 de junio de 1953, en Beijin, en el seno de una familia estrechamente
vinculada a la dirección del Partido Comunista Chino. Su padre, Xi Zhongxun,
había sido un importante dirigente revolucionario y, posteriormente, viceprimer
ministro. Xi Zhongxun (1913-2002), fue uno de los veteranos revolucionarios del
Partido. Sin embargo, la posición de su familia cambió bruscamente antes de la
Revolución Cultural: su padre cayó en desgracia política en 1962 y fue apartado
de sus cargos. Durante la Revolución Cultural (1966-1976), la familia sufrió
persecución política. En 1969, con 15 años, Xi Jinping fue enviado al campo
como parte del movimiento de los llamados “jóvenes instruidos”. Su destino fue
Liangjiahe, una aldea pobre de la provincia de Shaanxi, donde vivió y trabajó
entre 1969 y 1975. Allí realizó labores agrícolas y posteriormente llegó a ser
secretario de la célula local del Partido. Este período ocupa un lugar central
en la biografía política que posteriormente construyó alrededor de su
experiencia personal, ¿Porqué, a pesar de la persecución de la revolución Cultural Xi sigue siendo fiel al partido? En primero lugar porque su identidad familiar era profundamente
revolucionaria y comunista. Xi Zhongxun no era un opositor al sistema: era un
veterano de la revolución que había sido perseguido por otros dirigentes
comunistas. Para Xi Jinping, por tanto, podía existir una diferencia entre el
Partido como proyecto histórico y los errores o excesos cometidos dentro del Partido.
Esto puede explicar también las tensiones
entre Mao y Deng.
Además su
experiencia de Liangjiahe parece haber producido en él una conclusión diferente
de la que podría esperarse. Xi ha dicho que esos años le permitieron comprender
mejor la vida campesina, la realidad y la relación con las masas. En 1974
ingresó al Partido y posteriormente llegó a dirigir la célula local del PCCh en
Liangjiahe Es decir no concluyó: “el comunismo persiguió a mi familia, por lo
tanto hay que abandonar el comunismo”. Su interpretación fue más parecida a: dentro
del Partido se cometieron errores graves, pero el proyecto revolucionario y socialista
sigue siendo válido.
Esto ayuda a
entender algo aparentemente contradictorio de Xi: puede reivindicar a Mao como
fundador de la República Popular y, al mismo tiempo, aceptar que durante la
etapa maoísta hubo errores graves, entre ellos los de la Revolución Cultural.
Por eso,
paradójicamente, la experiencia de su propia familia puede haber contribuido a
que Xi valore muchísimo el orden, la disciplina interna y la unidad del
Partido. Esa es una de las claves más interesantes para comprender por qué Xi
es ideológicamente muy partidario del PCCh pero, al mismo tiempo, está muy
lejos de querer repetir algo parecido a la Revolución Cultural.
Xi solicitó
varias veces ingresar al Partido Comunista hasta ser finalmente admitido en
enero de 1974.
Entre 1975 y
1979 estudió ingeniería química en la Universidad de Tsinghua, una de las
universidades más prestigiosas de China. Pero un elemento importante para
comprender su carrera es que no permaneció en Beijin. Desde comienzos de los
años 80 desarrolló durante aproximadamente 25 años una carrera fundamentalmente
provincial.
En
Zhengding, provincia de Hebei, fue subsecretario y luego secretario del Partido
entre 1982 y 1985.En 1985 fue trasladado a Fujian, provincia situada frente a
Taiwán. Allí permaneció alrededor de 17 años.
Ocupó
sucesivamente cargos y llegó a ser gobernador
de Fujian.
Esta
prolongada experiencia provincial coincidió con el período de expansión de las
reformas económicas iniciadas bajo Deng Xiaoping.
Desde 2002-2007 estuvo en Zhejiang, una de las provincias económicamente
más dinámicas de China. Fue primero gobernador interino y posteriormente
secretario provincial del PCCh, el cargo político más importante de la
provincia.
Zhejiang
tenía un poderoso sector privado y una economía exportadora muy desarrollada,
por lo que allí Xi adquirió experiencia directa en la administración de una
economía de mercado integrada dentro del sistema socialista chino.
En 2007 fue
designado secretario del Partido en Shanghái. Permaneció pocos meses porque ese
mismo año fue incorporado al Comité Permanente del Politburó, el máximo órgano
de dirección política de China.
Desde ese
momento quedó claramente ubicado entre los dirigentes con posibilidades de
suceder a Hu Jintao.
En 2008 fue
elegido vicepresidente de China, y en 2010 vicepresidente de la Comisión Militar
Central.
El momento
decisivo llegó en noviembre de 2012, durante el XVIII Congreso del Partido
Comunista. Xi fue elegido Secretario general del Partido Comunista Chino y Presidente
de la Comisión Militar Central.
En marzo de
2013 fue elegido además presidente de la República Popular China. Desde
entonces concentra las tres principales dimensiones del liderazgo chino:
Partido, Estado y Fuerzas Armadas. Gobierno de China
Es conocido
el“Pensamiento de Xi Jinping sobre el Socialismo con
Características Chinas para una Nueva Era”. Esto, en 2017, fue incorporado a los estatutos del
Partido y posteriormente a la Constitución china.
Una de sus
ideas centrales es que China habría entrado en una “Nueva Era” después de dos
grandes fases anteriores Mao Zedong: consolidación de la independencia y del
Estado socialista y Deng Xiaoping: reforma económica y apertura.
Desde 2012
su administración ha estado marcada por varios procesos importantes: una
extensa campaña anticorrupción dentro del Partido; una mayor centralización de
la dirección política; fortalecimiento de las empresas estatales en sectores
estratégicos, combinado con una gran economía privada; modernización
tecnológica e industrial; expansión internacional mediante la Iniciativa de la
Franja y la Ruta; modernización de las Fuerzas Armadas; políticas para reducir
pobreza extrema; y una política exterior más activa.
Otro cambio
institucional importante se produjo en 2018, cuando la Asamblea Popular
Nacional eliminó de la Constitución el límite de dos mandatos para la
presidencia de la República. Esto permitió que Xi fuera elegido en marzo de
2023 para un tercer mandato presidencial.
Xi Jinping
se presenta a sí mismo no como una ruptura con Mao o Deng, sino como una
continuación que adapta esa tradición a una nueva etapa histórica. El propio
PCCh mantiene formalmente en una misma línea doctrinal a Marxismo-Leninismo,
Pensamiento de Mao Zedong, Teoría de Deng Xiaoping y Pensamiento de Xi Jinping.
¿Qué
modifica respecto de Deng? Aquí está probablemente el cambio histórico más
interesante.
Durante la
etapa Deng-Jiang-Hu, aproximadamente 1978-2012, predominó la prioridad de
crecimiento económico, apertura e integración mundial. Con Xi la fórmula se
vuelve aproximadamente: desarrollo, seguridad, tecnología, capacidad estatal y
dirección del Partido.
Eso
significa que el crecimiento económico deja de ser el único criterio
fundamental. Por ejemplo, Xi introduce con mucha más fuerza cuestiones como: seguridad
tecnológica, seguridad energética, seguridad alimentaria, control de cadenas de
suministro, industria estratégica, inteligencia artificial, semiconductores y defensa
nacional.
Deng trató
de evitar que volviera a surgir una concentración de poder comparable a la
época de Mao. Después de Mao se desarrollaron mecanismos de liderazgo colectivo,
sucesión relativamente regular, límites informales y formales al poder
personal. Con Xi parte de esa tendencia se ha revertido.
El núcleo
dirigente vuelve a tener un papel mucho más destacado y la dirección central
del Partido se fortalece considerablemente. Los propios documentos del PCCh
describen a Xi como el “núcleo” del Comité Central y del Partido en su
conjunto.
Y esto
permite entender algo importante: Xi no elimina el modelo de Deng; intenta
corregir lo que la dirección china considera algunas consecuencias
problemáticas de aquella etapa, especialmente desigualdad, corrupción,
dependencia tecnológica y debilitamiento de la autoridad partidaria.
En unas breves
reflexiones iniciales el experto en Xi,
Kevin Rudd, en su libro “On Xi Jinping. How Xi´s marxist nationalism is shaping
China and the world”, al definir la
cosmovisión ideológica de Xi Jinping afirmó:
“tal como señalé en el capítulo
introductorio él se ha desplazado hacia
la izquierda leninista, orientando la política china hacia una izquierda
marxista. Una premisa fundamental de este libro es que la cosmovisión
ideológica sigue siendo relevante para el PCCh, no solo en el plano teórico,
sino también como guía práctica para que los funcionarios configuren o reflejen
cambios en la orientación política dentro del mundo real”
Kevin Rudd
es un político, diplomático y especialista australiano en China. Nació en 1957
y fue primer ministro de Australia en dos períodos: 2007-2010 y nuevamente en
2013.
Lo que lo
hace especialmente interesante para estudiar a Xi Jinping es que Rudd no es
sólo un ex político: es un sinólogo, habla mandarín, estudió lengua e historia
china en la Australian National University, trabajó como diplomático en Beijin
y posteriormente hizo un doctorado en Oxford centrado en la visión ideológica
de Xi Jinping. Kevin Rudd en el trabajo mencionado analiza el pensamiento
político de Xi y sostiene que para entender su gobierno hay que tomar en serio
su formación marxista, y no verlo solamente como un dirigente nacionalista o
pragmático.
Para el tema
que veníamos tratando, Rudd es particularmente útil porque intenta responder
justamente a esta pregunta: ¿Xi es simplemente un continuador de Deng, un
retorno a Mao, o está construyendo algo distinto? Su respuesta, en términos
generales, es que Xi combina elementos del marxismo-leninismo, la tradición
maoísta, el nacionalismo chino y la modernización económica posterior a Deng,
pero los reorganiza bajo una dirección partidaria mucho más centralizada
La
interpretación de Kevin Rudd es que Xi Jinping no debe entenderse simplemente
como un “nuevo Mao” ni como un continuador de Deng. Rudd sostiene que Xi
construyó una combinación propia desde
2012 Xi desplazó la política china hacia un leninismo más fuerte, la economía
hacia una mayor presencia del Estado.
Para Rudd,
hay dos elementos principales: 1) Leninismo en la política interna. Xi
considera fundamental que el Partido controle y coordine el conjunto del
sistema político. Por eso reforzó la disciplina interna, la centralización, las
organizaciones partidarias y la autoridad del Comité Central. Rudd considera
que Xi es el dirigente chino más ideológicamente comprometido desde Mao. Kevin
Rudd ; 2) Marxismo en la economía, pero sin abolir el mercado. Este punto es
importante. Rudd no dice que Xi quiera volver a la economía maoísta. China
continúa teniendo empresas privadas, mercados, comercio internacional e
inversión extranjera. Pero Xi considera que el mercado debe estar subordinado a
los objetivos políticos y estratégicos del Estado y del Partido. Por eso
aumentó la importancia de las empresas estatales, la política industrial y el
control sobre sectores considerados estratégicos.
Quizá el
aspecto más interesante de la lectura de Rudd es que sostiene que Xi realmente utiliza categorías
marxistas y dialécticas para interpretar el mundo. No considera la ideología
simplemente una decoración utilizada por el PCCh para legitimarse. Según Rudd,
Xi piensa que existen grandes tendencias históricas estructurales y que el
equilibrio mundial está cambiando.
Aparece una
cuestión bastante profunda: Rudd cree que para Xi el desarrollo de las “fuerzas
productivas” sigue siendo marxista, pero hoy esas fuerzas productivas ya no son
simplemente fábricas y acero: son IA, semiconductores, robótica, biotecnología
y nuevas energías. Esa conexión ayuda mucho a entender el actual proyecto
tecnológico chino.
En su libro Rudd
se refirió a la siguiente cita de Xi, de un discurso o en 2022 ante el
politburó: “El marxismo señala el camino para el avance de la sociedad humana.
Es una poderosa arma teórica para que comprendamos el mundo y su tendencia
subyacente, busquemos la verdad y cambiemos el mundo. El marxismo no es un
conjunto de dogmas rígidos, sino una guía para la acción que debe evolucionar a
medida que cambia la situación. Si el marxismo puede cumplir su papel rector
depende de si sus principios básicos se adaptan a las condiciones de China y
las características de la época. En un mundo que cambia rápidamente y un país
en rápido crecimiento, no podemos estar atados a viejas convenciones y pensamiento
rígido, y debemos ser lo suficientemente audaces para actualizar nuestra
teoría. Si no podemos responder preguntas sobre el presente y el futuro de
China y su gente y el mundo en general, perderemos impulso en el avance de la
causa del Partido y el país, el marxismo se marchitará y la gente perderá la fe
en él” (Rudd, 2024: 35 la traducción es nuestra).
Según
Rudd, en un artículo presentado por primera vez en enero de 2013, pero no publicado
hasta 1920, en Quinshi, que se titulaba “Manteniendo la importancia del
materialismo histórico en la incesante apertura a nuevos límites para el marxismo
chino contemporáneo”. Xi recordó al
Partido que, durante sus cinco años como director de la Escuela Central del
Partido, su mensaje central fue que la filosofía marxista era la materia
principal […] para todos los cuadros del Partido. Xi recordó su discurso
anterior en la escuela, donde citó con aprobación la opinión de Chen Yun, ex
líder conservador del Partido y uno de los principales opositores de Deng en las
décadas de 1980 y 1990. Chen Yun había
dicho que “al estudiar teoría el desafío más importante es implementar el
método ideológico correcto; por lo tanto, es esencial estudiar filosofía para
comprender la metodología ideológica correcta para observar las cosas; y si no
se comprende el materialismo dialéctico, siempre se cometerán errores”. Al
igual que en el discurso de Xi sobre el materialismo dialéctico, en este
artículo Xi se basa ampliamente en “Sobre la contradicción” y “Sobre las
prácticas” de Mao. Sin embargo, Xi también hizo un uso más expansivo del
discurso de Mao de 1942 titulado “Rectificar el estilo de trabajo del Partido
[…]”. Esto parece ser un recordatorio deliberado a los trémulos colegas de Xi
en el Partido sobre su propio celo por la construcción del Partido y la lucha
contra la corrupción. Xi también utilizó este discurso de 2013 sobre el
materialismo histórico para comenzar a prefigurar las bases ideológicas para la
redefinición formal del Partido. Las principales contradicciones en 2017
afirmaron que todas las decisiones correctas en la historia del PCCH se tomaron
a través de la lente analítica del materialismo histórico. Esto incluyó la
Reforma y la Apertura, que siguió al reconocimiento por parte del Partido de
los factores de producción no desarrollados de China en su etapa actual de
desarrollo histórico, es decir, la etapa primaria del socialismo. Por lo tanto,
Xi afirmó que esto significaba comprender las complejas “interacciones mutuas,
restricciones mutuas y control mutuo entre los factores de producción y las
relaciones de producción, así como entre la base económica y la superestructura
social”. Xi advierte que estas relaciones eran extremadamente complejas y que,
en ocasiones, podían generar una reacción contraria de la superestructura
social hacia la base económica (Rudd, 2024: 94-96 la traducción es nuestra).
Xi es el
primer líder del Partido desde Mao en pronunciar discursos explícitamente dedicados a la metodología analítica marxista. Si
bien no añadió nada al contenido conceptual de la metodología marxista, Xi se
diferenció deliberadamente de Deng, Jiang y Hu al restablecer la importancia de
estos principios. Al comienzo de su
mandato Xi dirigió críticas ideológicas notablemente agudas a sus predecesores
por no haber logrado abordar las nuevas contradicciones generadas por la
reforma económica de mercado. Xi fue explícito sobre que el Partido necesitaba
ajustar su modelo de desarrollo económico para lidiar con la creciente
desigualdad y rechazar la adaptación de todo al mercado.
Desde
principios del período Xi, el enfoque impulsado por el mercado para las
empresas estatales comenzó a cambiar. El III pleno del XVIII Comité Central en
2013 resolvió que el Estado se centraría en la gestión del capital en lugar de
administrar las empresas por sí mismas. Según esa decisión, los gerentes de las
empresas estatales tenían que servir a los objetivos estratégicos del Estado e
invertir más en industrias y áreas clave que son vitales para la seguridad
nacional y son el alma de la economía (Rudd, 2024: 189 la traducción es nuestra).
En marzo de
2012, Xi presidió una reunión nacional sobre el Documento Nº II producido por
el Departamento de Organización Central del PCCH, que formalizó la intención
del Partido de establecer comités en todas las empresas del sector privado,
grandes y pequeñas, en todo el país. Esto fue seguido en noviembre de 2018 por
las nuevas regulaciones del PCCH, que facultan a las organizaciones del Partido
a guiar y supervisar a las empresas privadas en su estricto cumplimiento de la
ley y las regulaciones nacionales.
En su
enfoque geopolítico es conocida la
posición de XI de una “comunidad de naciones de destino compartido” lo que evoca,
en las condiciones de este siglo XXI, el internacionalismo proletario
del siglo XX, en un lenguaje apropiado a una situación en la que no se ha
desatado una guerra fría (ni una
caliente a nivel mundial como en el SXX) que retrase la integración mundial,
sino que se da la posibilidad real de la construcción de una comunidad de naciones unidas por el comercio
igualitario y la diplomacia pacífica.
Es decir que
China a la par de estar cambiando el mundo se está cambiando a sí misma,
y no precisamente en un camino capitalista,
eso no es ninguna coincidencia extraña. Es dialéctica pura.
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