HISTÓRICO PUNTO DE INFLEXIÓN
Bajo el título “Ganó Rusia” escribí, en febrero de
2015, un artículo que salió publicado en “Tiempo Argentino” en el que afirmé
textualmente: “El acuerdo firmado hoy jueves 12 en Minsk por todos los
involucrados directa o indirectamente en el conflicto ucraniano vuelve a
mostrar, esta vez más contundentemente que otras, hasta dónde ha
llegado el desgranamiento de la unipolaridad norteamericana, en un novísimo
escenario que abre una gran cantidad de interrogantes y, por qué no también,
esperanzas. No sólo no se discute ya, de ningún modo, la incorporación de Crimea
directamente al territorio nacional ruso, hecho que la gran prensa a tratado de
digerir lo más rápido posible, atenta a la dimensión que adquiere la imagen del
poderío ruso con la sola mención de este hecho, inconcebible en la política
internacional de hace apenas unos años atrás, sino que ha quedado establecida
una nueva frontera en el punto exacto donde Putin la quería y, por supuesto,
donde también la querían los separatistas de Donetsk y Lugansk, las dos
“óblasts” ucranianas que están por la autonomía y son claramente
partidarias geopolíticas de Rusia.” Por supuesto el teclado de mi PC corría al
compás de los elementos que se tenían a la vista en aquel entonces, hace
ya diez años.
Desde entonces un tsunami ha pasado bajo el puente y fue
quedando a la vista incluso por confesión de parte que los acuerdos
de Minsk fueron un trampa que le tendió la OTAN a Rusia para ganar tiempo para
armar a Ucrania (Merkel dixit)
Luego de ello, Zelensky mediante, y ante la
amenaza de la entrada de Ucrania en la OTAN y de la instalación de
una base de dicha alianza militar en territorio ucraniano lindante con
Rusia, se desato una guerra abierta que lleva tres años y medio
Ya había quedado en claro que el “Maidan” ( revuelta
en las calles de Kiev y otras ciudades, en febrero de 2014), en los que se
destacó la presencia de organizaciones neofacistas que jugaron un papel organizativo importante, para
expulsar al presidente Yanukovich, había sido impulsado por la embajada norteamericana
en Kiev .La presencia de la
Subsecretaria de Estado para Asuntos Europeos y Euroasiáticos, Victoria
Nuland, quien llegó a activar la rebelión en persona en la
mencionada plaza, ratificaba el hecho de que no era fundamentalmente la
UE la que tallaba en el conflicto sino los Estados Unidos. De allí la
famosa frase de Nuland: “Fuck the EU”.
Fue quedando en claro el interés norteamericano en la
agresión a Rusia y la conexión de todos estos hechos con la guerra iniciada 7
años más tarde. Eran los Demócratas los que estaban en el gobierno, con Barack
Obama a la cabeza, operando en ese sentido, desde el 2014, cuando todo
empieza y también estaban, esta vez con Joe Biden,
en el inicio de la guerra abierta en 2022. Desde Obama hasta la salida de Biden
del gobierno (fin del 2024) EEUU envió más de 180.000 millones de dólares
como ayuda bélica a Ucrania. Europa (con la salida de Merkel del gobierno
alemán mediante) viró lacayunamente a un militarismo patético, sobre todo
teniendo en cuenta que su territorio fue uno de los escenarios más
devastados en las dos mayores guerras que ha sufrido la humanidad en toda su
historia.
Sin embargo Rusia siguió ganando terreno con una y otra
victoria militar y los óblast de Donetsk y Lugansk fueron anexados
constitucionalmente a su territorio.
Con Trump en su segundo mandato, ya en 2025 y luego de
que le fuera arrebatada la elección de 2020, hecho en el que seguramente debe
haber pesado, entre otras tantas otras cosas, la necesidad de concretar el plan
ya orquestado por los Demócratas de provocar a Rusia con la amenaza de la
entrada de Ucrania en la OTAN (cosa que se confirmó en la reunión de Bucarest
de julio de 2021), las cosas empezaron a cambiar ya definitivamente. EEUU
empezó a hacerse a un lado del apoyo directo a Zelensky, lo que exasperó
a la UE integrada en su mayoría por países con gobiernos o coaliciones de
derecha y ya lanzada definitivamente a la posición guerrerista, empujada en realidad la necesidad de ocurrir a un
“keynesianismo” militar para hacer frente a la profunda crisis en la que
se encuentra sumida la región producto de causas puramente económicas y de la
corrupción que atraviesa toda su clase política.
Trump siguió insistiendo en la necesidad de terminar
el conflicto lo que implicaba necesariamente respetar la condiciones
“sine qua non” de Rusia de quedarse con los territorios conquistados lo que
significa solo de por si su innegable triunfo.
El viaje del enviado de Trump a Moscú, Steve
Witkoff , el 6 de agosto, ya anunciaba que algo muy importante estaba en
ciernes y la reunión presidencial en Alaska lo confirmó .Mas allá de todas las
especulaciones e interpretaciones que puedan hacerse era ya indiscutible
que Zelensky y la Unión Europea, no tenían voz de mando alguna en la resolución
del conflicto y tendrían que ajustarse de un modo u otro a las voluntades de
los “dos de Alaska” y en ese sentido, como dijimos, Trump ha dado a entender
que habrá que respetar muchas de las más importantes condiciones de Rusia,
especialmente las relacionadas con los territorios ocupados, lo que, como
también dijimos, implica una derrota absoluta de toda la operación
iniciada en el 2014. Los resultados finales hoy están a la vista,
Podría terminar este artículo con un auto-celebratorio
“Ganó Rusia”, pero ello sería mezquino de mi parte porque el triunfo ruso
es un dato que va mucho más allá de un triunfo militar sino que indica
algo mucho más trascendente.
El anunciado cambio profundo de la geopolítica mundial ha
quedado ratificado definitivamente El eje chino ruso y sus alianzas con lo más
avanzado del sur global es lo que aparece triunfante y la vieja alianza atlántica entre EEUU y los
países de Europa Occidental consolidada fuertemente al finalizar la segunda
guerra mundial para combatir al comunismo es lo que está en crisis terminal.
Es cierto que hoy muchos dirigentes políticos
reconocen que “Occidente” está en crisis y que la unipolaridad de
EEUU (o de la Alianza Atlántica) está cediendo paso a una
multipolaridad. Sobre todo teniendo en cuenta como se dijo el surgimiento
económico de China y su alianza con Rusia en el marco de los BRICS entre otras
cosas
Pero si “Occidente” está en crisis ¿significa ello solamente
un surgimiento de “Oriente”? Es decir que solo habría un cambio de
longitud del poder mundial¿o un poder mundial fragmentado condicionado por
nuevas potencias imperiales?
A mi entender
muchas de estas suposiciones son, intencionalmente o no,
limitadas y ocultan, el deseo o la resignación
subyacente de que aunque él o los polos de poder mundial puedan cambiar el sistema socio económico y político siga
siendo básicamente el mismo, es decir alguna forma de capitalismo (en todo caso
más “bueno” que lo que se ha vivido hasta ahora).
Sin embargo si uno se ilustra sobre la historia del
capitalismo, sobre el potencial de los ideales verdaderos del
iluminismo profundo y, sobre todo, comprende seriamente el marxismo,
necesariamente llega a la conclusión de que lo que se está jugando hoy a nivel
global no es un simple cambio de centros de poder sino la forma de organización
de la vida a nivel planetario y la perspectiva de una articulación virtuosa en
red de poderes locales o regionales nunca antes vista, ya no en el marco de
algo que pueda llamarse capitalismo. Eso es lo que parece indicar la
convocatoria de la República Popular China (que, a no olvidar, está
gobernada por el Partido Comunista) de construir una Comunidad de
Naciones de Futuro Compartido y los armados de grandes coaliciones
con objetivos puramente pacíficos y de cooperación y desarrollo de todos en términos de igualdad
como son los BRICS y la Iniciativa de la Franja y la Ruta. El triunfo ruso
(principal aliado de China) le da a todo ello otra dimensión y marca un histórico punto inflexión que acelera
la transición no solo de unas formas de distribución de poder
mundial a otras sino hacia un cambio profundo de sistema de organización política económica y social de
toda la humanidad.
Se podrá pensar que la idea adolece de lo que los ingleses
llaman “wishfull thinking”, sobre todo desde la amarga visión de algunas
de nuestras decepcionantes coyunturas latinoamericanas, pero no se trata de que
el árbol impida ver el bosque, o viceversa, sino de que podamos ver,
dialécticamente, ambos a la vez.
Mariano Ciafardini
Dr. en Ciencias Sociales( UBA)