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lunes, 27 de junio de 2016

La Unidad de la izquierda Latinoamericana y la desunión europea


El 24 de junio de 2016 va a entrar en la historia como una fecha paradójica. Ese día en la financierizada Londres se anunciaba el triunfo de la postura favorable al Brexit en el referéndum  llamado al efecto.  Este resultado  demostrativo de la voluntad del pueblo de Gran Bretaña, pero más específicamente de Inglaterra  ya que en otras  regiones como Escocia o Irlanda tomadas por separado ganó el “remain” puso en profunda   crisis una unión de naciones europeas, la UE, que  oportunamente, en los comienzos de la globalización se había exhibido  como evidencia palpable de que el capitalismo, aun en su desenfadada versión neoliberal, no solo  era compatible con la paz y la cooperación internacional  sino que incluso  las generaba a través de sus invisibles y automáticas dinámicas.
La crisis cuyas consecuencias no están  todavía claras del todo,  pero por momentos aparecen como extraordinarias,  lo que en realidad  pone en evidencia palpable es que la Unión Europea nunca fue una  verdadera  “unión” y que  lo que menos la inspiraba era una sincera intención de cooperación y solidaridad entre las naciones que la formaron, sino que,  constituida efectivamente al calor del espíritu capitalista neoliberal, ha sido preferentemente  un instrumento de unas pocas burguesías europeas poderosas, para expoliar mejor a los pueblos de toda Europa, incluidas, eventualmente, las burguesías menores de los demás países de la mentada “unión”.
Claro que todo ello estuvo oculto, desde el principio, por una lluvia de euros, cedidos a cuenta, a “troche y moche” multiplicando un consumismo irresponsable y generando un bienestar e. Pero, como es sabido,  las lluvias siempre alguna vez paran. Y esta paró ya claramente en el último trimestre del  2012.
Más allá  de los fenómenos de irracionalidad antiinmigratoria, que han fortalecido las potencialidades electorales de los partidos de extrema derecha, lo que está determinando  la gigantesca crisis político institucional de la unión es el abrupto descenso del nivel de vida de amplios sectores sociales  y el aumento del desempleo la precariedad laboral y la pobreza. Amello se suma la ausencia de algún proyecto creíble de alternativa popular dentro de la UE tal como está concebida hasta ahora o de la posibilidad real de reformarla.
Pero lo paradójico de la fecha lo completa un dato  que comparado con la espectacularidad del Brexit se puede decir que tiene por el momento casi nula visibilidad. Solo  lo pudimos constatar quienes tuvimos el privilegio político de asistir al XXII encuentro del Foro de San Pablo, en la centroamericana ciudad de San Salvador, en ese mismo día. Allí, en forma inicialmente casi desapercibida,  pero adquiriendo más y más notoriedad a medida que transcurrían las sesiones, se llegó al consenso acerca de  la elaboración de un programa político único del Foro, es decir, ni más ni menos que un programa político continental de la izquierda de toda América Latina y El Caribe .
El Foro d San Pablo nació en …. como recurso esforzado de una izquierda  duramente golpeada por el fantasma del “fin dela historia “ en medio de la fiesta neoliberal Pocos le auguraban buen futuro  en tiempos en que habían “muerto las ideologías” Los menos mal intencionados miraban al grupo de militantes resistentes con desdén  y hasta algo de pena,  como restos resilientes de un impulso utópico ya acabado. Ultimas brasas del fuego revolucionario del siglo XX del que solo quedaba llama exigua la Cuba comunista. La “izquierda verdaderamente inteligente”, abrazaba la tercera vía,  ya no de color rojo,  ni siquiera rojo pálido,  sino de un rubor rosado, manteniendo algunas reinvindicaciones de baja intensidad conflictiva,  propias del liberalismo político, y cuidadosamente seleccionadas,  pero suscribiendo un decidido pragmatismo económico, que  implicaba  el seguidismo a ultranza a todas las propuestas básicas del  neoliberalismo.
Pero la izquierda resistió, Cuba resistió y, al calor de los grandes movimientos populares latinoamericanos, muchos de ellos convertidos en gobiernos en la década del 2000, el Foro llegó a tener  los más de cien integrantes actuales que, aun  a pesar  de algunas pocas excepciones notables, todavía  no incorporadas,  pueden considerarse como la expresión legítima de la izquierda realmente existente en el continente,  y celebró en San Salvador su XXII encuentro anual.
No obstante  hasta el momento el Foro no había pasado de ser el lugar de encuentro periódico de partidos ideológicamente próximos   para intercambiar  opiniones,  reportar las situaciones nacionales y sacar en conjunto declaraciones de solidaridad o de repudio  y coordinar acciones de solidaridad  o repudio simultáneas.
Es la primera vez en la historia política latinoamericana que se da inicio a un proceso de esta naturaleza. Nunca antes se había podido construir un espacio político partidario regional en el que fuera posible tamaña empresa y desde algunas imprecisas intentonas  en los 70  que no se volvía a considerar la posibilidad de hacerlo. Las consecuencias altamente positivas para el avance y desarrollo de las luchas de los pueblos de la región por su emancipación y la transformación de la realidad, en este caso  sí son previsibles y son también extraordinarias, pero en sentido positivo.
La diferencia entre los dos procesos "unitarios" está a la vista  Uno fue impuesto fraudulenta  y mendazmente por arriba, por corporaciones financieras, a los pueblos a través de la colonización política de los dirigentes,  muchos de los cuales todavía se hacen llamar socialistas. La nuestra es una construcción que empieza desde abajo, como lanzamiento de una  dirigencia política de izquierda, comprometida con el pueblo, y para ser debatida y consensuada con todos los sectores y expresiones populares.

Mariano Ciafardini

jueves, 9 de junio de 2016

Malvinas y la Política exterior del macrismo.


La importancia  y el valor  del reclamo  de un pedazo de territorio nacional en este mundo, compuesto de naciones, se mide a partir de dos variables principales. Una es la de la justeza del reclamo. Cuanto más injusta, irracional  y ofensiva  es la pérdida de ese territorio, más afectada está la soberanía y la dignidad (el valor) del afectado como nación, en el concierto de naciones. Mayor es la responsabilidad del gobierno nacional en cuanto al reclamo en sí. Esto está relacionado con razones históricas y geográficas principalmente.
No caben dudas de que en el caso de las Malvinas esta cuestión se expresa brutalmente, ya que no estamos hablando de temas limítrofes  o disputas originarias sino de la ocupación colonial de un territorio que está a  más de 15000 kilómetros del país invasor  y a menos de 500 de la costa continental del invadido (y dentro de su plataforma submarina). Y la soberanía española heredada legítimamente por la nueva nación soberana, fue reconocida desde los primeros asentamientos en el 1700.
Pero hay otra variable que mide la importancia del reclamo territorial y es la que se determina por el valor que tiene su ocupación  (y particularmente su ocupación militar), hoy, en este mundo globalizado, para el resto de las naciones,  principalmente para las potencias mundiales. Esta es la importancia geopolítica. En  ese sentido queda claro que si los británicos no estuvieran ocupando hoy Malvinas y algunas otras islas de nuestra pertenencia   la Otan no tendría ningún asentamiento importante en todo el Atlántico Sur, lo que en un escenario de guerra de posiciones territoriales y marítimas internacionales, en tensión permanente, como lo es el actual, su desarrollo estratégico se debilitaría  enormemente. Si a esto le agregamos la certeza de que  hay  en el subsuelo de la costa malvinense reservas de petróleo que prometen una base de por lo menos 1.000.000.000 de barriles, esto completa la significación  política económica y moral que tiene el reclamo argentino de las islas.
A esto se le debe sumar  el hecho de que ya hoy la Argentina no está reclamando las Malvinas solo en nombre propio sino que, por las razones antes apuntadas, lo hace también a nombre de todo Latinoamérica, ya que la presencia anglo –norteamericana allí es una afrenta geopolítica para todo el continente. Tanto más hoy cuando la cuestión del acercamiento y la integración es vital para los intereses de todos los países de la región.
Aparece en toda su dimensión, entonces, la gravedad de  haber sacado de agenda en las relaciones con el Reino Unido la cuestión de Malvinas, como concesión alegre y gratuita para “amigarnos” y “volver al mundo”. Se podría hablar de, por  lo menos, una gran ignorancia en materia de política internacional, irresponsabilidad, ingenuidad, estupidez y “cholulismo”, para no recurrir a términos como traición a la patria (chica y grande), “cipayismo” y corrupción, lo que nos haría pasibles de ser acusados de conspirativistas o ideologistas.

Mariano Ciafardini

lunes, 16 de mayo de 2016

Proletarios del mundo ¡Uníos! (último llamado)

Así rezaba  el irónico graffiti que apareció en una pared colombiana a comienzo de los años 90 cuando el internacionalismo proletario parecía no significar más que el recuerdo de una ridícula mueca de la historia.
Casi nadie creía entonces  que en menos de 20 años las cosas iban a volver a cambiar tanto como para  actualizar nuevamente  el sentido de la famosa frase conclusiva del viejo Manifiesto.
Hoy la crisis general del sistema capitalista es más que evidente. Desde hace casi 10 años que no hay solución de continuidad en la persistente inestabilidad económica y financiera mundial, a la que luego se le agregó la recesión y una solapada guerra monetaria. A diferencia de otras crisis económicas mundiales, no se ve ninguna salida en el horizonte capitalista.
EEUU, luego de la emisión más fabulosa de la historia, se debate entre subir o no las tasas de interés, si las sube se profundizaría una recesión que hoy mantiene disfrazada de bajo crecimiento  y engañando estadísticamente  con los datos de empleo y consumo. Si no las sube, sigue alimentando la especulación formadora de burbujas financieras,  porque está claro que la casi totalidad de lo que emite no va a la producción ni al bienestar del pueblo estadounidense. Esto se refleja en las perspectivas electorales en las que los dos candidatos que van quedando por los partidos  “tradicionales” tienen un elevadísimo nivel de imagen negativa.
A la Unión Europea le queda cada vez menos de unión. Se puede ver, ahora claramente, que el modelo de integración que se impuso fue el de una corporación manejada por Alemania, con Francia como socio menor, e Inglaterra con un pie siempre afuera  y mirando a los EEUU.
Hoy la situación de los países del sur europeo es desastrosa,  con la amenaza de una hipercrisis bancaria en Italia  y la reedición de la crisis del 2012 en el resto. Ello llevaría a los bancos franceses al default inmediato. Alemania ha perdido su poder de motorizar la economía en su conjunto y enfrenta una grave crisis interna que en lo político se expresa principalmente en el problema de la inmigración, pero que va mucho más allá de ello.
Japón no puede encontrar el rumbo para salir de una situación deflacionaria que en realidad viene arrastrando desde la crisis de 1989.
En la desesperación, aumenta la intensidad de los enfrentamientos competitivos de los grupos del capital. Aparecen denuncias contra las gigantes automotrices alemanas y japonesas, se interviene la federación internacional de fútbol, se publican listas (parciales) de evasores de impuestos y lavadores de dinero en la banca offshore, se profundiza el espionaje entre países “aliados”, hay sospechosas muertes y caídas de aviones  nunca esclarecidas.
Si se quiere resumir y simplificar  se puede decir  que  la causa de la crisis del “mundo desarrollado” está directamente relacionada con el haber gastado fabulosamente a cuenta durante los 90 y la primera mitad del 2000, sobre todo en suntuarios y gastos militares.
 ¿Debieron haber gastado menos? En términos de supervivencia del sistema capitalista eso era imposible, pues fue precisamente ese esquema de gasto basado en crédito y la emisión lo que le permitió al capital recuperar la tasa de ganancia, subsistir a la caída de los 80 y reciclarse como capitalismo financiero globalizado (ver Globalización tercera –y última- etapa del capitalismo. Ciafardini. 2011).
Pero que pasa entonces en el actual “segundo mundo” si así puede llamársele a las economías china e india. Pues sucede que, precisamente en el esquema ideado por la globalización financiera capitalista,  estos países estaban destinados a ser la “fábrica del mundo” lo que, a su vez, les permitió dar un gran salto de desarrollo industrial, mejorar la situación económica de millones de pobres, incorporar tecnología de punta, desarrollar sus infraestructuras y acumular grandes masas de reservas. Ello los catapultó, sobre todo a China, a transformarse en un factor importante de poder mundial, contraponiéndose al propio poder de sus mentores occidentales, contra los que el “gigante dormido”  armó su propio bloque de poder con Rusia  y otros países de su región, volviéndose  a reeditar, aunque de manera mucho menos intensa, un cierto bipolarismo atenuado con una tendencia a la multipolaridad que complica, cada vez más, los planes de los grandes grupos financieros de regular la economía mundial a su medida.
Pero también  sucede que, en el esquema globalizador,  el desarrollo económico de estos “emergentes  poderosos” nació atado al hiperconsumo,  ficticiamente sostenido, en EEUU y  la UE. Al caer éste  se detiene aquél.
Esto trae consecuencia internas  serias para estos emergentes de primera línea como lo es en primer término el descenso abrupto de las tasa de crecimiento. Pero el “parate” se proyecta a los “emergentes de segunda línea” es decir casi la totalidad del resto del mundo  que vivió un momento de auge económico a partir del aumento de los precios de sus productos primarios, por la gran demanda china –asiática. Hasta la olvidada  África empezaba a sentir  algunos beneficios del derrame del auge económico chino-asiático.    
América Latina y, particularmente América del Sur, no escapa de ninguna manera a esta crisis sistémica. Macri gana en Argentina con un apoyo mediático totalitario y cabalgando sobre problemas internos del proyecto político antineoliberal, pero el escenario de base  que le permiten el vertiginosos ascenso, que lo sorprendió hasta a él mismo,  fueron los problemas económicos y financieros que se agudizaron en los últimos años del gobierno kirchnerista con la crisis de Brasil y la baja del precio de la soja. En Brasil y Venezuela  el impacto de la crisis sistémica sobre sus economías es más que evidente  y amenaza con la interrupción de los proyectos políticos populares  que tuvieron auge a partir del 2000, como si estos proyectos fueran los culpables de la crisis. Hay un intento de restauración conservadora en la región que soslaya que  la crisis también golpea a gobiernos  claramente neoliberales como el mexicano y el colombiano y a todos los demás sin excepciones.
Desde ciertas posiciones de izquierda se les reprocha a algunos de estos gobiernos que encabezaron o encabezan proyectos populares (para la derecha, populistas) no haber transformado las estructuras neoliberales, primaristas y extractivistas,  de los países que gobernaron o gobiernan. El planteo como tal puede haber sido  pertinente, sólo que de nada sirve quedarse ahora en esto.
Tal vez la  verdadera oportunidad para abordar tales cambios profundos sea la que se abre ahora, con este intento de restauración conservadora en la región, que se da, precisamente, en el marco de la agudización de la crisis sistémica a la que antes aludimos.
En efecto, la única forma realista de salir adelante cambiando las estructuras productivo-distributivas   de los países Latinoamericanos,  en la economía globalizada, es mediante un proceso profundo y acelerado de integración regional, que permita pararse frente al resto del mundo con  escalas productivas significantes y un único inmenso mercado interno. Esto implicaría una revolución en las políticas externas de nuestros países que solo encontraría escenario propicio en la agudización de la crisis estructural mundial  que pronosticamos. Pero está claro que todo ello solo se transforma en una oportunidad si los movimientos populares son capaces de reaccionar y enfrentar con todo la estrategia restaurativa y si además  la resistencia se extiende internacionalmente de modo que no le quede a la estrategia del capital ningún territorio seguro donde hacer pie.
Y aquí llegamos al punto de este artículo, preanunciado en el título esotérico que elegimos,  qué es el de  que, afortunadamente los pueblos (proletarios) de todos estos países del mundo  “desarrollados”, “emergentes de primera “ , y/o “emergentes de segunda” parecieran no estar dispuestos ya hoy   a dar ni un paso  más atrás de los niveles de vida alcanzados  ni a aceptar pasivamente  el cuento de que habría que ajustarse y empobrecerse “por un tiempo” para después salir adelante, porque sospechan profundamente, y con razón, de la mentira oculta detrás de ese trillado argumento.
Aun en países donde ganó las elecciones el neoliberalismo puro y duro como en Argentina,  el gobierno no alcanzó a recorrer los seis primeros meses de gestión y ya se enfrenta a una poderosísima resistencia  popular. En Brasil, a pesar de la crisis económica profunda y  de la ofensiva mediática corporativa, destituyente, desembozada, el partido de gobierno no deja de tener un fuerte apoyo de amplios sectores populares  que vaticina una resistencia feroz manteniéndose en la gestión  o desde la oposición. Igual es el caso de Venezuela donde la presión golpista opositora podría desencadenar, incluso, una guerra civil.
En Europa los movimientos ciudadanos,  las centrales sindicales y los partidos de izquierda  se aproximan cada vez más a conformar frentes de resistencia  al ajuste  y se oponen a los inventos expoliadores de última generación (que muestra también el grado de desesperación del capital) como son los tratados secretos (para los pueblos) como el “Transatlántico” que amenaza con destruir a todas las pequeñas y medianas empresas  de Europa del Norte y Central.
También el Partido comunista Chino sabe que los amplios sectores del pueblo chino que accedieron a las ciudades  y a empleos industriales y de servicios,  o que mejoraron sus condiciones de vida en el campo, no pueden volver hacia atrás. Ha dado señas de ello  al emprender una gran reforma desde el perfil exportador hacia el fortalecimiento del mercado interno. Pero a medida que la crisis se profundice deberá avanzar aún mucho más.
Es precisamente esta fuerza subjetiva imparable y creciente la que se está erigiendo en “sepulturera” del sistema  capitalista global  ya que, frente al escenario planteado y descrito  en este artículo, la única salida que va a quedar es la de un gran acuerdo internacional que establezca pautas para la producción y el comercio que permitan sostener los niveles de vida alcanzados  en todo el planeta y avanzar  a los sectores más postergados y es evidente que ello solo podría logarse a partir del “sacrificio” de partes importantes de las pingues ganancias de los grupos financieros globales y de los ricos del mundo. La aceptación, aún a regañadientes, del gobierno norteamericano, de resultados no buscados , como el de la paz en Siria (y con Rusia) o la resignación ante iniciativas chinas como las del Banco Internacional y el aumento de la circulación internacional del yuan, son situaciones que parecieran indicar que la realidad se impone aun al más grande de los poderes.
Es obvio que, si se imponen acuerdos de esta naturaleza,  ello irá implicando más y más  la negación de las dinámicas esenciales del sistema capitalista y que  la planificación (o al menos la articulación) interestatal  mundial, regulatoria de la “libertad” de producción y comercio, en la que prime el objetivo de mantener el consumo cuantitativo más extendido, es decir el consumo popular, no puede ser más que  el  principio del fin del sistema .

Habrá que tener la mirada puesta en la próxima reunión del G 20, en Septiembre, en China y ver entonces la fuerza que hayan alcanzado  las luchas de resistencia popular en el mundo, luchas  que, ahora sí, parecen estar golpeando todas al mismo tiempo.

sábado, 28 de noviembre de 2015

CUI BONO


Cuando la investigación de un crimen se topa con una trama compleja de indicios y sospechas cruzadas que advierten que es un caso de difícil resolución los detectives e investigadores más avezados se preguntan: ¿a quién benefició el hecho cometido?
Tal vez sea la pregunta de la que deben partir  los esfuerzos por explicar  los acontecimientos violentos que se suscitan con cada vez más frecuencia en el ámbito internacional.
Esta pregunta arrojó por ejemplo mucha luz  sobre los atentados  a las torres gemelas frente a la pantomima mediática que vendió globalmente el cuento infantil de los buenos y los malos sin más aclaraciones.
 Los buenos y los malos existen pero no son exactamente los que el modelo hollywoodense nos muestra.
Aplicando esta lógica a los tremendos recientes  ataques terroristas en Paris, si  luego de la inevitable conmoción inmediata  uno resiste el impulso pavloviano  a cargar contra el chivo expiatorio y levanta la mirada para ver el todo,   puede advertir  claramente que lo novedoso en la escena política internacional de la región euroasiática, inmediatamente anterior  a los luctuosos hechos parisinos, fue la notable ascensión  del rol ruso  en el conflicto sirio al tomar la iniciativa clara de  asumir la vanguardia de la lucha contra el Estado Islámico con claridad y sin las ambigüedades que venían caracterizando la intervención de los países “occidentales”, Francia entre ellos, pero principalmente EEUU cuya política exterior en la zona va de los extremos de estar involucrado en la creación o el fortalecimiento  del Estado Islámico, hasta  la alianza con Rusia para bombardearlos.
Lo de Rusia fue, en términos de política internacional, casi paradigmático  ya que, por primera vez en la historia, quedó frente a la lucha contra el terrorismo un país que no  es EEUU y que ni siquiera es “occidental”. Y, para decirlo sin eufemismos, un país que representa un proyecto político internacional opuesto al esquema Washington-Londres- Paris y que en unión con China está generando un polo alternativo de poder  mundial que ya empieza a dar señales de reconstrucción de una nueva bipolaridad, incluso más allá de  las intenciones  reales de sus actores.
La consecuencia político internacional  inmediata de los atentados yihadistas en las calles de Paris fue catapultar a Francia hacia la iniciativa militar en Siria  y a partir de allí  lograr el apoyo y la inmiscusión directa de Alemania en la escalada guerrerista.
 Todo ello en simultáneo con el derribo de un avión de pasajeros Ruso  por una bomba supuestamente puesta por grupos terroristas (según la sospechosa información de la inteligencia británica que dio la primicia cuando el hecho acababa de cometerse) y el de un avión  bombardero ruso  perteneciente a la escuadrilla de ataque al EI,  alcanzado por el fuego oficial de Turquía (miembro de la OTAN) con el pretexto de que invadía el espacio aéreo nacional.
Esto último  debería haber llevado a todo el mundo a preguntarle a  Recep Erdogan, y a la OTAN,  qué es más importante para ellos, si la supuesta “violación” por 17 segundos del espacio aéreo nacional, que no causa ningún daño  en vidas ni en bienes y que es fácilmente aclarable en dialogo diplomático, o la lucha real contra el terrorismo del EI, del que dicen estar en contra  aunque se sospeche que los servicios de inteligencia turcos, así como los saudíes también han tenido algo que ver en la propia creación y fortalecimiento del engendro terrorista de moda  (y de que el hijo de Erdogan está haciendo jugosos negocios con él).
Los beneficiados son varios y la principal perjudicada es la estrategia geopolítica Ruso-Siria, de acabar  con la guerra y la desestabilización en la región. De todos modos lo sucedido hasta ahora no ha sido  suficiente como para desestructurar  el armado político militar ruso que sigue siendo el más consistente. Esperemos que ello desaliente estos intentos desesperados de ganar la iniciativa perdida  y el afán de utilizar recursos tan perversos en la disputa global.
Mariano Ciafardini

Instituto argentino de Estudios Geopolíticos (IADEG)

domingo, 31 de mayo de 2015

EEUU PREOCUPADO POR EL “SOCCER”

La Fiscal de EEUU Loretta Lynch, declaró que el Departamento de Justicia Norteamericano está “decidido a acabar con la corrupción en el mundo del fútbol”.
 Más allá del incipiente incentivo que se le ha dado en ese país, en las últimas décadas a este deporte,  sin logros que se hayan traducido en calidad de juego, no sabíamos que Norteamérica estuviera hoy tan futbolera. Tanto más cuando ellos le llaman “foot ball americano”  a otro deporte que contará con un gran público en EEUU pero  no tiene, ni por asomo, la popularidad mundial del nuestro.
Lo que sí se sabe, es que los gobiernos de EEUU tienen una larga tradición en pervertir el sentido de las cosas, no solo en cuanto a denominar “balón pie”  a algo que  juegan mayormente con la mano, sino a usar causas válidas y nobles, como el combate contra delitos que repugnan a la humanidad, con un sentido artero de expansión de su dominio político internacional.
El caso de la lucha contra las drogas es un ejemplo claro y que ya todo el mundo está terminando por entender. Lejos  están de intentar realmente  bajar los impresionantes niveles de consumo de su población (se cree que el piso es una tonelada diaria). Si lo  lograran (junto con Europa Occidental) terminaría definitivamente con la cuestión  del narcotráfico y todos sus daños colaterales al nivel mundial, al desaparecer la posibilidad de las  ganancias monumentales que lo sostienen.
Claro que dentro de estas ganancias está la ganancia impresionante del sistema bancario internacional y particularmente el de EEUU, por donde circulan mayormente estos fondos  ilegales “lavados”. Además, si el problema del tráfico internacional de drogas desapareciera o pasara a segundo plano,  por convertirse en un ilícito de menor magnitud y poder, la DEA y todas sus delegaciones en casi todos los países del mundo, y la injerencia de los EEUU en la política interna de seguridad de casi todo el mundo, con la excusa de combatir el narcotráfico, se quedarían sin argumento sensibilizador.
¿Alguien, amante o no del fútbol, puede estar en contra de la lucha contra la corrupción y el enriquecimiento endemoniado de las trenzas y mafias del “negocio del fútbol”? En realidad le estamos llamando “escándalo” a algo que todos ya sabíamos. Maradona es el ejemplo paradigmático de este deseo que teníamos todos de que todo esto se denuncie y se persiga. Pero Diego no debería olvidar que la perversa preocupación de los EEUU por la transparencia en el fútbol ya lo tuvo a él como víctima principal en momentos en que, a la cabeza de nuestra selección en el mundial de 1994, estaba a punto de llenar de goles los arcos made in USA, ante la mirada de todo el mundo. “Casualmente”  le tocó a él el análisis antidoping, pese a que todos sabemos (como sabíamos de los negocios oscuros de la FIFA) que muchos deportistas profesionales pueden jugar con ciertos niveles de estimulantes o pueden tener residuos de estimulantes ingeridos  con fines no competitivos  pero que  a determinadas estrellas nunca le tocan esos análisis sobre todo   en eventos de esa naturaleza. Esto lo han reconocido públicamente por ejemplo el magnífico Andre Agassi.
 Es decir, como siempre que se trata del tipo de  imperio de la ley, característico del sistema de las “democracias” liberales actuales, se convive con una práctica cotidiana del delito y la corrupción a todos los niveles y conocida por todos, y se administra la represión  selectivamente, en   la oportunidad y contra los sujetos que al sistema le convenga.
Y hablando de la oportunidad y conveniencias para algunos, deben destacarse en el caso dos  o tres circunstancias. La primera es que este “escándalo” podría llevar a revisar la designación como sede del mundial 2018, que es Rusia, e incluso a iniciar investigaciones contra integrantes del gobierno ruso a partir de cualquier hecho  que se le ocurra a la fiscal americana tomar como indicio de ilegalidad, ya que varios de los delitos que se imputan como la “conspiracy” y el “money laundering” son de una tipicidad tan lábil  que  en el marco de la investigación se podría llegar hasta el mismísimo Papa por su afinidad con San Lorenzo de Almagro . La segunda es que precisamente en el congreso de la FIFA  n° 65 que acaba de inaugurarse uno de los puntos  a tratar  era  la expulsión de Israel  por racista  cosa que con todo este “escándalo” ha pasado a segundo plano. La tercera relacionada con la interna política norteamericana es  que al estar involucrados en el lavado de dinero en EEUU varios bancos de grupos financieros opuestos y en guerra financiera como el Citigoup, por un lado, y el JP Morgan y el Bank of America, por el otro, habría que ver cuál de ellos cae peor parado con todo esto  y cual se salva, por aquello de que: si quieres saber quién está detrás  del asunto fíjate a quien le sirve.
 Otra circunstancia de carácter más general es que EEUU no ha podido hasta ahora entrar en el control del negocio billonario que regentea la FIFA  en tanto que tiene tan solo un voto dentro de los más de doscientos  y, mal que les pese,  no han podido colonizar la organización como si lo han hecho con  las Naciones Unidas,  ni imponer ninguna condición a partir de lo deportivo,  debido al peso  insignificante de su selección nacional (por mas dólares que lleven gastados en el intento de mejorarla)
Si esto suena a interpretación demasiado conspirativa yo contestaría  con los dichos de un amigo: “El hecho de que yo sea paranoico  no es prueba suficiente de que no me estén persiguiendo”. Mucho menos si todo empieza por un llamativo esfuerzo extraterritorial de la justicia de  EEUU por  “terminar” con la corrupción en el mundo de un deporte que los norteamericanos ni siquiera pueden llamar por su nombre correcto.
Mariano Ciafardini
Profesor de Derecho Penal y Criminología UBA
Instituto Argentino de Geopolítica (IADEG)